16 mayo 2011

Un tren tiene muchos vagones. Muchos espacios amplios en los que pueden suceder infinidad de cosas.
Pero el tiempo transcurre a la misma velocidad. Así y todo en la sala de máquinas, la visión cambia.
Allí se observa el camino por delante, mientras que en el resto del tren, se observan las dos caras de la moneda.
Lo bueno y lo malo, los suburbios y los centros.
En le amor, el vértigo de los viajes se siente incesante. Hacia atrás y hacia adelante, paseando por todo el tren, con omnipotencia y omnipresencia. Envuelto en frenesí, colmado de emociones. Basta una mirada, un deseo, y te encuentras al frente, en la sala del maquinista. Un suspiro alcanza para cerrar la puerta, y quedar atrapado dentro.
¿Cuánta luz puede filtrarse? ¿Cuántos deseos pueden alcanzar su realidad?
No, no abras los ojos. No vuelvas al medio del tren. No te detengas en los detalles. Mira al frente, sin dudar.

(De seguro me verás...)

1 comentario:

claribel de CDP (te acordas?) dijo...

muy sentido!!!!